Archive for December, 2008

Después de las credenciales

Diciembre 2008

Hace unos meses leí un artículo en el New York Times sobre las escuelas especializadas de Corea de Sur, que decía que entrar en la universidad correcta era crucial para un joven y ambicioso coreano del sur.

Un padre añadía: “En nuestro país, el ingreso a la universidad determina el 70 u 80 por ciento del futuro de una persona.”

Era impresionante lo tradicional que esto sonaba. Y sin embargo, cuando yo estaba en el instituto, no hubiera sido una descripción tan diferente de los EE.UU., lo que significa que las cosas deben de haber cambiado aquí.

El curso de la vida de las personas en los EE.UU. parece estar menos determinada ahora por las credenciales y más por su rendimiento de lo que estaban hace 25 años. Aún importa a qué universidad vayas, pero no tanto como antes.

¿Qué ha ocurrido?

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Juzgar a la gente por sus credenciales académicas era, en su tiempo, una ventaja. La costumbre parece haber comenzado en China, donde a partir de 587 los candidatos al servicio imperial tenían que hacer un examen sobre literatura clásica. [1] Era también un examen de riqueza, porque el conocimiento que examinaba era tan especializado que para aprobarlo eran necesarios muchos años de costosos estudios. Sin embargo, aunque la riqueza era una condición necesaria para aprobar, no era suficiente.  De acuerdo con los estándares del resto del mundo en 587, el sistema chino era muy culto. Los europeos no introdujeron exámenes de servicio civil hasta el siglo XIX, e incluso entonces parece fueron influenciados por el ejemplo chino.

Antes de las credenciales, los puestos en el gobierno se conseguían principalmente mediante influencia familiar, cuando no totalmente por sobornos. Juzgar a la gente por su rendimiento en un examen fue todo un adelanto, aunque de ninguna manera una solución perfecta. Cuando juzgas a la gente de ese modo, tiendes a conseguir escuelas especializadas, que fue lo ocurrió en Ming China y la Inglaterra del siglo XIX, de igual forma que ocurre hoy en día en Corea del Sur.

Las escuelas especializadas son, en realidad, brechas en algo cerrado. El uso de las credenciales fue un intento para cerrar la transmisión directa de poder entre generaciones, y las escuelas especializadas son un signo de ese poder que encuentra agujeros en algo cerrado. Las escuelas especializadas convierten la riqueza de una generación en las credenciales de la siguiente.

Es muy difícil acabar con este fenómeno porque las escuelas se adaptan a satisfacer cualquier criterio que midan los exámenes. Cuando los exámenes son limitados y predecibles, encuentras escuelas especializadas con el sistema clásico, como aquellas que prepararon a los candidatos para Sandhurst (la academia militar británica West Point) o las clases que toman ahora los estudiantes estadounidenses para mejorar los resultados del examen de aptitud escolástica (SAT, por sus siglas en inglés). Sin embargo, a medida que los exámenes se hacen más generales, lo mismo ocurre con las escuelas. Preparar a un candidato para el examen del servicio imperial llevaba años, como ocurre hoy en día con las escuelas preparatorias. Pero la razón de ser de todas estas instituciones ha sido la misma: burlar el sistema. [2]
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La historia sugiere que, en igualdad de condiciones, una sociedad avanza en proporción a su capacidad para evitar que los padres influyan directamente en el éxito de sus hijos. Está bien que los padres apoyen a sus hijos de forma indirecta, por ejemplo, ayudándoles a que sean más listos o más disciplinados, lo que a su vez les ayuda a triunfar más. El problema viene cuando los padres usan métodos directos, cuando son capaces de utilizar su propia riqueza o poder como sustitutos de las cualidades de sus hijos.

Los padres tienden a hacer esto siempre que pueden. Los padres mueren por sus hijos, así que no es ninguna sorpresa ver que también empujan sus escrúpulos hasta el límite por ellos, sobre todo si los otros padres lo están haciendo.

Detener esta fuerza tiene ventaja doble: no solo gana la sociedad los beneficios de tener “la mejor persona para el puesto”, sino que las ambiciones de los padres se desvían de los métodos directos hacia los indirectos, como educar a sus hijos correctamente.

Pero tenemos que darnos cuenta de que va a ser muy difícil detener los esfuerzos de los padres para conseguir ventajas para sus hijos. Estamos ante una de las fuerzas más potentes de la naturaleza humana. No podemos esperar que funcionen las soluciones simples, de la misma forma que no esperamos que las soluciones simples eviten que entre la heroína en una prisión.
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La manera obvia de resolver el problema es mejorar las credenciales. Si los exámenes que usa la sociedad actualmente se pueden piratear, podemos estudiar cómo lo hace la gente y tratar de corregir los defectos. Podemos usar las escuelas especializadas como ejemplo para ver dónde están la mayoría de los defectos. También te indican si los estás arreglando correctamente: cuando las escuelas especializadas pierdan popularidad.

Sin embargo, así no se encontrarán todos los efectos. Una solución más general sería reclamar una mayor transparencia, especialmente en embotellamientos sociales como son las admisiones a la universidad. En los EE.UU., este proceso aún muestra muchos signos de corrupción exteriores. Por ejemplo, admisiones de legado. La historia oficial es que la condición de legado no influye mucho, porque lo único que hace es romper empates: los solicitantes cuentas con las mismas aptitudes y la condición de legado se usa solo para decidir entre los participantes del grupo que se encuentran en el límite. Pero lo que esto significa es que una universidad puede hacer que la condición de legado influya tanto o tan poco como ellos quieran, ajustando el tamaño del grupo que se encuentra en el límite.

Mediante la eliminación gradual del abuso de credenciales, uno podría hacerlas probablemente más seguras. Pero sería una batalla muy larga. Especialmente cuando las instituciones que administran los exámenes realmente no quieren que sean más seguras.

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Afortunadamente, existe una manera mejor de prevenir la transmisión directa de poder de una generación a otra. En lugar de dificultar el pirateo de las credenciales, también podemos restarles importancia.

Pensemos en para qué sirven las credenciales. Son, funcionalmente, una forma para pronosticar el rendimiento. Si uno pudiera medir el rendimiento actual, no las necesitaría.

Entonces, cabe preguntarse para qué evolucionaron siquiera, por qué simplemente no hemos venido midiendo el rendimiento actual. Piense en dónde aparecieron las credenciales por primera vez: para seleccionar candidatos en grades organizaciones. Es difícil medir el rendimiento individual en grandes organizaciones, y cuánto más difícil es medir el rendimiento, más importante es intentar pronosticarlo. Si una organización pudiera medir el rendimiento de los reclutados de forma inmediata y económica, no necesitarían examinar sus credenciales. Podrían coger a todos y quedarse con los buenos.

Las grandes organizaciones no pueden hacer esto. Pero un gran número de pequeñas organizaciones en un mercado pueden conseguirlo. Un mercado coge a todas las organizaciones y se queda únicamente con las buenas. A medida que disminuye el tamaño de las organizaciones, esto es similar a coger a todas las personas y quedarse solo con las buenas. Por lo tanto, en igualdad de condiciones, una sociedad que consiste en más organizaciones de menos tamaño, no se preocupará tanto por los credenciales.

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Eso es lo que ha ocurrido en los EE.UU. Por esa razón esas declaraciones de Corea sonaban tan tradicionales. Están hablando sobre una economía similar a la de EE.UU. hace unas décadas, dominada por un puñado de grandes empresas. La ruta para los ambiciosos en ese tipo de entorno es unirse a una y subir a lo más alto. Las credenciales son muy importantes para ellos. Alguien con un pedigrí de élite entra con un aura tan impresionante que, en la cultura de una gran organización, se convierte en una profecía auto-realizable.

Esto no funciona en las pequeñas empresas. Incluso si impresionaste a tus colegas con tus credenciales, pronto se apartarían de ti si no acompaña tu rendimiento, porque la empresa llegaría a la quiebra si no se separara a la gente.

En un mundo de pequeñas empresas, lo único que importa a la gente es el rendimiento. A las personas que buscan contratar a gente para una empresa incipiente no les preocupa si tienes título universitario. Sólo les importa lo que puedes hacer, que, en realidad, es lo único que debería importar, incluso en una organización grande. La razón por la cual las credenciales tienen tanto prestigio es que durante mucho tiempo, las grandes organizaciones de la sociedad tendían a ser las más poderosas. Pero en los EE.UU. por lo menos, ya no cuentan con el mismo monopolio que en el pasado, precisamente porque no pueden medir (y, por lo tanto, recompensar) el rendimiento individual. Por lo tanto, cabe preguntarse de qué sirve pasar veinte años ascendiendo cuando el mercado puede recompensarte directamente.

Me hago cargo de que veo una versión del cambio más exagerada que la mayoría de la gente. Como socio de una empresa de financiamiento en fase inicial, soy como un jefe de salto que empuja a la gente fuera del viejo mundo de las credenciales hacia uno nuevo de rendimiento. Soy un agente del cambio que estoy observando. Pero no creo que me lo esté imaginando. No era tan fácil para una persona con ambición hace 25 años elegir que le juzgara el mercado. Tenías que pasar por los jefe, y ellos estaban influenciados por la universidad a la que fuiste.
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Cabe preguntarse qué hizo posible que las pequeñas organizaciones triunfaran en los Estados Unidos. Aún no estoy completamente seguro. Las nuevas empresas son, con certeza, una parte importante. Las pequeñas organizaciones pueden desarrollar nuevas ideas más rápidamente que las grandes, y las nuevas ideas son cada vez más valiosas.

Sin embargo, no creo que las nuevas empresas son responsables de todo el cambio de credenciales a medidas. Mi amigo Julian Weber me dijo que cuando empezó a trabajar para una firma de abogados de Nueva York durante los años 50, pagaban a los socios bastante menos de lo que pagan hoy en día. Las firmas de abogados por aquel entonces no pretendían pagar a la gente de acuerdo con el valor del trabajo que hacían. El salario se basaba en la antigüedad. Los empleados más jóvenes pagaban las consecuencias. Ya serían recompensados en el futuro.

El mismo principio dominaba en las empresas industriales. Cuando mi padre trabajaba para Westinghouse en los años 70, tenía a gente bajo su responsabilidad que ganaba más que él porque llevaban más años trabajando allí.

Ahora, cada vez más, las empresas tienen que pagar a los empleados un salario de acuerdo con el mercado por su trabajo. Una razón es que los empleados ya no se fían de que las empresas les recompensen en el futuro: para qué trabajar y acumular beneficios en una empresa que puede fracasar, o que puede ser asimilada y que todas sus obligaciones sean eliminadas. La otra es que algunas empresas acabaron con los niveles y empezaron a pagar a los empleados jóvenes grandes cantidades de dinero. Esto ocurrió sobre todo en consultoría, derecho y finanzas, donde dio como resultado el fenómenos de los “yuppies”, o jóvenes urbanos profesionales. Esta palabra ya casi no se usa hoy en día porque ya no es nada raro ver a un joven de 25 años con dinero, pero en 1985, ver como un profesional de 25 años podía permitirse un BMW nuevo era tan novedosos que hizo falta acuñar una nueva palabra.

El clásico “yuppie” trabajaba para una pequeña empresa. No trabajaba para General Widget, sino para la firma de abogados que llevaba las adquisiciones de General Widget o el banco de inversiones que se encargaba del lanzamiento de sus bonos.

Las nuevas empresas y los “yuppies” entraron en el vocabulario conceptual de los Estados Unidos más o menos al mismo tiempo al finales de los años 70 y a principios de los 80. No creo que fuera una conexión casual. Las nuevas empresas tuvieron lugar porque la tecnología empezó a cambiar tan rápidamente que las grandes empresas no pudieron controlar a las más pequeñas. No creo que inspirara el ascenso de los “yuppies”, parece más probable que se diera un cambio en las convenciones sociales (y quizá las leyes) que gobernaban la forma en que funcionaban las grandes empresas. Pero los dos fenómenos se fusionaron rápidamente para crear un principio que ahora parece obvio: pagar un salario acorde al mercado a gente joven y energética, y obtener de ellos el correspondiente alto rendimiento.

Casi al mismo tiempo, la economía de los EE.UU. salió disparada del período de inactividad que sufrió durante la mayor parte de la década de los 70. Cabe preguntarse si existe una conexión. No sé lo suficiente como para afirmarlo, pero si que lo pareció en aquel momento. Se liberó un montón de energía.

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Los países preocupados por su naturaleza competitiva tienen razones para estar preocupados por el número de nuevas empresas que empezaron a aparecer. Pero les vendría incluso mejor examinar los principios subyacentes. Si deben dejar que los jóvenes energéticos reciban salarios acordes con el mercado por su trabajo. Los jóvenes son la prueba, porque cuando la gente no recibe recompensa de acuerdo con su rendimiento, lo reciben generalmente de acuerdo con su antigüedad.

Solo es necesario unos cuantos cabezas de playa en tu empresa que paguen por rendimiento. La medida se extiende como el calor. Si una parte de la sociedad es mejor en medida que el resto, suele empujar a que los demás mejoren. Si la gente joven pero inteligente puede ganar más abriendo sus propias empresas que trabajando para las ya existentes, estas últimas tienen que pagar más para mantenerles. Por lo tanto, los mercados poco a poco se introducen en todas las organizaciones, incluso el gobierno. [3]

Las medidas de rendimiento tenderán a poner en línea incluso a las organizaciones que ofrecen credenciales. De niños solía meterme con mi hermana ordenándola que hiciera cosas que sabía que iba a hacer de todos modos. A medida que el rendimiento reemplazada a las credenciales, un papel similar es lo mejor que pueden esperar los antiguos guardianes. Una vez que las instituciones que otorgan credenciales ya no estén en el negocio de las profecías auto-realizables, tendrán que trabajar más duro para predecir el futuro.

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Las credenciales están un paso por detrás del soborno y la influencia. Pero no son el último paso. Existe aún una forma mejor de transmitir el poder de generación en generación: empujar la tendencia hacia una economía formada de más unidades de menor tamaño. Entonces uno puede medir lo que las credenciales solo pueden predecir.

A nadie le gusta la transmisión de poder de generación en generación, ni a la izquierda ni a la derecha. Pero las fuerzas del mercado favorecidas por la derecha resultarán en una mejor manera de prevenirlo que las credenciales a las que debe volver a apoyarse la izquierda.

La era de las credenciales comenzó a llegar a su fin cuando el poder de las grandes organizaciones alcanzó su punto álgido a finales del siglo XX. Parece que ahora estamos entrando en una nueva era basada en las medidas. La razón por la cual en nuevo modelo ha avanzado tan rápidamente es porque funciona mucho mejor. Y no hay signos de que vaya a aminorar la marcha.

Notas

[1] Miyazaki, Ichisada (Conrad Schirokauer trans.), China’s Examination Hell: The Civil Service Examinations of Imperial China, Yale University Press, 1981.

Los escribas del anciano Egipto hacían exámenes, pero eran exámenes de aptitud del tipo que debía pasar cualquier aprendiz.

[2] Cuando digo que la razón de ser de las escuelas preparatorias es conseguir que los niños asistan a mejores universidades, lo digo en el sentido más limitado. No digo que eso es lo único que hacen las escuelas preparatorias, solo que si no tuvieran ninguna influencia en la admisión a la universidad, no estarían tan solicitados.

[3] Sin embargo, las tasas progresivas de impuestos tenderán a reducir este efecto, al reducir la diferencia entre quienes miden bien y quienes miden mal.

Gracias a Trevor Blackwell, Jessica Livingston, y David Sloo por leer los borradores de este documento.

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¿Podrían resultar las entidades capital riesgo víctimas de la recesión?

(Este artículo los escribí a petición de una empresa interesesada en redactar un informe sobre la iniciativa empresarial. Tristemente, después de haberlo leído, decidieron que era demasiado controvertido para aceptarlo)

La financiación de capital riesgo acabará secándose durante la actual recesión económica como suele normalmente suceder en épocas malas. Pero esta vez el resultado puede que sea diferente. Esta vez el número de compañías startup puede que no disminuya. Y eso podría resultar peligroso para las entidades de capital riesgo.

Cuando la financiación de capital riesgo se secó tras la burbuja de internet, las startup se secaron también. En el 2003 no se fundaron muchas nuevas companías startup. Sin embargo, en la actualidad las startup no están ligadas a las entidades de capital riesgo como lo estaban hace diez años. Hoy en día las entidades CR y las startups pueden divergir. Y si es así, lo más probable es que no vuelvan a convergir una vez que la economía mejore.

La razón por la que las startup han dejado de depender tanto de las entidades CR ya la conoce todo el mundo perteneciente al ámbito de las startup: ahora es más barato poner en marcha una startup. Existen cuatro razones primordiales para ello: La ley de Moore ha abaratado el coste del hardware; gracias al código abierto el software es gratuido; la web ha propiciado que el marketing y la distribución sean gratuitos; y lenguajes de programación más potentes han originado que los equipos de desarrollo puedan ser más reducidos. Estos cambios han originado que los costes para poner en marcha una compañía startup hayan caído en picado. En muchas de las startups -probablemente la mayoría de las fundadas por Y Combinator—el gasto más grande suele ser simplemente los gastos de mantenimiento del fundador. Hemos tenido starups que ganaban $3000 al mes en beneficios.

Pero $3000 es una cantidad insignificante según están los beneficios. ¿Por qué preocuparse por una startup que hace $3000 al mes? Pues porque, aunqe es un beneficio insignificante, esta cantidad de dinero puede cambiar la situación de financiación de la startup por completo.

Cualquier persona que dirija una startup está siempre en el fondo de su mente calculando cuánta pista de aterrizaje le queda; es decir: cuanto tiempo le queda hasta que se agote el dinero en el banco y tenga que, o bien ser rentables, o bien reunir más dinero, o bien dejar el negocio. Una vez cruzado el umbral de la rentabilidad, independientemente de lo bajo que sea, la pista de aterrizaje se hace infinitamente larga. Es un cambio cualitativo, como el de las estrellas conviertiéndose en líneas y desapareciendo cuando el Enterprise acelera para viajar a toda velocidad. Una vez que se es rentable, no se necesita el dinero de los inversores. Y como las startup de internet son tan económicas de administrar, el umbral de la rentabilidad puede ser increíblemente bajo. Lo cual significa que muchas de las startup en Internet ya no necesitan inversiones del tipo CR. Para muchas de las startups la financiación de capital riesgo, para usar la terminología de las CR, han dejado de ser un ingrediente necesario para pasar a ser uno opcional.

El cambio sucedió cuando nadie estaba mirando y hasta el día de hoy sus efectos se han enmascarado en gran medida. Fue después de la burbuja de internet cuando poner en marcha una startup acabó resultando increíblemente barato, pero muy pocos se dieron cuenta, pues las startup habían pasado de moda. Cuando las startup volvieron a estar de moda, alrededor del 2005, los inversores empezaron a firmar cheques otra vez. Y aunque los fundadores puede que no necesitaran el dinero de las entidades CR en la misma medida que antes, estaban dispuestos a aceptarlo si se lo ofrecían — en parte porque era la costumbre de las startup aceptar el dinero de estas entidades, y en parte porque las startups, como los perros, suelen comer cuando se les da una oportunidad. Mientras que las entidades CR siguieran firmando cheques, los fundadores no se vieron nunca obligados a explorar los limítes de lo poco que necesitaban. Hubo algunas startups que, por casualidad, sí que alcanzaron estos límites debido a sus circunstancias poco usuales—más conocidas como las 37 señales, que alcanzaron el límite porque se cruzaron con el territorio de las startup cuando venían desde otro camino: empezaron siendo una consultora, obteniendo por lo tanto beneficios antes de tener un producto.

Las entidades CR y los fundadores son como las dos partes de una bisagra que solían estar unidas. Alrededor del 2000 quitaron la bisagra . Como hasta ahora las dos partes de la bisagra han estado sujetas a las mismas fuerzas, parecen que siguen unidas, pero en verdad una está descansando encima de la otra. Un impacto violento haría que se separaran.  Y puede que la recesión sea ese impacto.
A causa de la posición que ocupa Y Combinator en el extremo final del espectro, nosotros seríamos los primeros en ver las señales de separación entre los fundadores y los inversores, y de hecho las estamos viendo. Por ejemplo, aunque la crisis del mercado de valores parece haber hecho que los inversores sean más precavidos, no parece que haya tenido ningún efecto en el número de personas que quieren montar una empresa startup.  Nosotros recogemos solicitudes para fundar cada seis meses. El plazo para presentar las solicitudes para el actual ciclo de fundación se cerró el 17 de octubre, mucho después de que los mercados hubieran resbalado, e incluso así obtuvimos un número récord, hasta el 40% del mismo ciclo un año antes.

Quizás las cosas cambien dentro de un año si la economía continúa empeorando, pero hasta ahora el interés entre los posibles fundadores no ha disminuido nada en absoluto.  En el 2001 las cosas eran diferentes.  En aquel entonces existía una sensación generalizada entre los fundadores potenciales de que las startup se habían terminado y que lo mejor era realizar estudios de postgrado. Esto no es lo que está sucediendo esta vez y en parte esto se debe al hecho de que ,a pesar de que la economía va mal, no es tan complicado hacer  $3000 al mes. ¿A quién le importa si los inversores dejan de firmar cheques?

También vemos signos de divergencia entre los fundadores y los inversores en lo que concierne a las actitudes de las startup  que nosotros hemos fundado. Recientemente estuve  hablando con alguien que había tenido una caída estrepitosa en el último minuto, tropezó con el tipo de nimiedad que rompe acuerdos cuando los inversores piensan que tienen el control—la incertidumbre de si los fundadores habían archivado correctamente sus solicitudes 83(b); es para no creerlo. Y con todo es obvio que esta startup va a tener éxito: sus gráficos sobre tráfico y beneficios parecen un jet a punto de despegar. Así que les pedí que me presentaran a otros inversores. Para mi sorpresa, me contestaron que no, que se habían pasado cuatro meses tratando con inversores y que estaban mejor sin tener que hacerlo. Tenían un amigo al que querían contratar con el dinero de los inversores y ahora tenían que posponer aquello. Pero por lo demás sentían que tenían bastante dinero en el banco como para hacer que fuera rentable. Para asegurarse,  se mudaron a un apartamento más barato. Y en esta economía estoy seguro de que obtuvieron un buen acuerdo.

Me he dado cuenta de esta actitud ”no merece la pena preocuparse por los inversores” por parte de algunos YC fundadores con los que he hablado recientemente. Al menos una startup perteneciente al ciclo más reciente (verano) puede que no reúna ni siquiera dinero ángel, mucho menos capital riesgo. Ticketstumbler consiguió rentabilidad gracias a la inversión de $15,000 de Y Combinator y esperan no necesitar más. Eso nos sorprendió incluso a nosotros.  Aunque la idea base de YC es ser baratos para poner en marcha un startup, nunca imaginábamos que los fundadores dirigirían compañías startup exitosas con la ayuda sola de los fondos YC .

Si los fundadores deciden que las entidades de crédito riesgo no merecen la pena, las entidades  no tendrán las cosas a su favor. Cuando la economía vuelva a levantarse dentro de unos años y estén dispuestos a firmar cheques de nuevo, puede que se encuentren con que los fundadores se han ido ya.

Existe una comunidad de fundadores lo mismo que existe una comunidad CR. Todos se conocen y el uso de las nuevas técnicas se propaga rápidamente entre ellos. Si uno prueba un nuevo lenguaje de programación o un nuevo proveedor de alojamiento y obtiene buenos resultados, seis meses después la mitad de ellos lo estará usando también. Y lo mismo ocurre con la financiación. La generación actual de fundadores quieren reunir dinero de las entidades de capital riesgo y Sequoia en especial, porque Larry y  Sergey tomaron dinero de capitales de riesgo.  Imaginad donde terminarían las entidades CR si las empresas en el futuro no necesitan en absoluto los capitales riesgo.

Las entidades CR piensan que no están jugando un juego del tipo para que ganen unos otros deben perder. Pero de hecho, no se trata de eso. Si pierdes un trato con Benchmark, pierdes el trato, pero los CRs como tales continúan ganando. Pero si pierdes un trato con Don Nadie, todas las entidades CR perderán.

Puede que esta recesión sea diferente a la que tuvo lugar después de la  burbuja de internet. En esta ocasión los fundadores pueden que continúen montando nuevas startup.  Y si lo hacen, las entidades CR tendrán que continuar firmando cheques o, de otro modo, acabarán siendo irrelevantes.

Gracias a Sam Altman, Trevor Blackwell, David Hornik, Jessica Livingston, Robert Morris y Fred Wilson por leer los borradores de este artículo.

Este texto es una traducción del artículo original en ingles de Paul Graham.

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